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¿Qué refleja un espejo roto?...

Rompimos esos colores que no llegué a conocer y quemamos las hojas que nunca te enseñé escritas;

Desaparecimos al día siguiente de conocernos, después de enterrar el mapa donde escribimos las veces que escalemos la montaña más alta de tu país.

No volverá, la lluvia, a deslizarse por nuestros dedos. Tampoco volverá a resquebrajarse el vidrio ni el laberinto cambiará de forma. No despertarán las ganas de despertarte.

Ausencia, es lo que refleja el espejo roto.

Paseando encontré a un cosmogónico suicida... (I)

Paseando por el espacio, encontré los sueños hundidos de un Universo cercano: El vacío hurta el resquicio a la fina línea que separa a Dios del hombre. Agoniza en la Nada, hasta que la inexistencia fue material.Vaga por el sistema. Experimentó sobre sí el placer de la muerte, ahora es inmortal, llamándose así cosmogónico suicida.
¿Quién lleva una cuerda en el espacio? ¿Quién, si no hay cipreses?

Nieve que no cuaja...

Fortuna que no me tocó, ranchera que aún no canté, vida que no viví, ni la botella sin beber. Tantísimas cosas quedan por hacer como quilómetros de saliva debe recorrer una lengua en el Ecuador de tu translúcido cuerpo.

Bien conozco la pena y tristeza, el silencio de un adiós o el ocaso de la traición. Experto me volví en los latidos ahogados de la esperanza. La ciencia no me sirve de nada si queda tantas cosas por descubrir;

Nieve que no cuaja, como el crujir de los sesos.

Nieve que no cuaja (como el crujir de los sesos). https://goo.gl/u63RUW Una publicación compartida de Antoni G. Martínez (@antonygmartinez) el Feb 27, 2018 at 5:37 PST

Decidiste...

Te vi... Corriendo, de niño, en aquel escaparate de Londres. Por mi libertad si alguna vez te perdí de vista y separé mis húmedas manos del cristal.
Al cumplir los diecinueve. Estabas ahí, en París, escapando de la cuarta pared del lienzo. Maldigo cien veces los trazos del pintor.
Subiendo los tejados de Barcelona, a la hora en punto del tiroteo encontré en el centro de la batalla hielo en la comisura de tus labios sin vida.
Te vi anoche, en mi sueñito, paseando por la historia.
Pudiste quemar libros, cañones o banderas; Pero decidiste hacerlo conmigo.

Paralizado por no degustar la libertad...

Naturaleza que careces de inteligencia, a ti te hablo:
Rojo es el amanecer, del mismo color son las baldosas que piso. Como cada día; Negro está hoy el cielo, nervioso como la espuma que corre colina abajo. Negras son mis manos que sufren —paralizadas— por no degustarte, libertad.
El azar llega, como las alas de Ícaro; buscándote entre la niebla perdida. Intento no parar pero el humo es demasiado espeso. Esta vez no hay cipreses, en su honor se llena el fondo de luces apagadas.
—¡Sal de ahí, quienquiera que seas! [Habla la madera vieja, sin decir palabra].
Sigo sin entender la vida. Pero en su lugar he encontrado un grupo de siluetas que cubren sus rostros con máscaras.

A partir de hoy, vuelvo a estar como ayer.