14 de febrero de 2017

Seis años desde que decidí crear este blog...

El seis es, por antonomasia, el número de la estabilidad y el amor. Lo vemos reflejado constantemente en la mitología, religión, ciencia, literatura, etc. Y ahora lo tenemos aquí, ¡hoy cumplimos seis años!

En seis años poco ha cambiado por aquí. Seguimos siendo «Ese niño» y el cuerpo lleno de las mismas «Cicatrices». Siguiendo en la búsqueda de «El mundo ideal» desde el primer segundo del día hasta «Cuando la noche cae».
Esperaremos hasta que salga el primer clavel en «Primavera», para saber que la naturaleza es «Preciosa» —por si a alguien lo olvidó—.


Con motivo del sexto aniversario, se ha remodelado la cabecera.

6 aniversarios, 119 entradas escritas, 143 seguidores y 32.689 visitas.

15 de enero de 2017

Luna muerta, papel mojado...

La luna que me orbita está rota, las mojadas láminas del diario quedan tendidas sobre los surcos de mis manos. Siento cómo el tiempo me desuella, abierto de par en par.
No lloro porque estoy vacío por dentro.

Me arde el pecho por dentro y duele mucho. Soy la granada que cayó del cielo, a voluntad de un juego de Dios, que derramó las semillas al impactar sobre el manto rocoso.
Sigo sin llorar porque no puedo.

Quizás este siglo sea mío,
pero pintado de azul.

7 de enero de 2017

Cicatrices...

Pintor, fíjate en mis cicatrices —perfectas imperfecciones— que se vierten sobre mi lánguida piel. Muerta caballera resbaladiza, como las cenizas de un olvidado.

Retrata la tan fríbola artrosis que corroe mis falanges y no hace más que inspirar el deseo de tu lienzo. Compara los poros con la carne del fruto anaranjado.

Roza la burda vista con un objetivo caduco. Imagina que soy la cámara que sujetó aquel patoso. Desnúdame, enseña al mundo mi atómico ser.

Deja la huella del cubismo si quieres,
relata con saña tu cuadro.

16 de diciembre de 2016

La fragilidad del dolor...

La idea de sentirnos Dios nos convierte en mortales. Basta con analizar la mente y saber que la memoria es selectiva; es capaz de borrar recuerdos dolorosos. Sintiendo esa necesidad de disgregar los instintos Eros y Thanatos.

El ser humano es frágil —cada átomo de nuestra existencia—. Creamos la moralidad para alterar la naturaleza del dolor, para luego darnos golpes hasta deshilacharnos la cáscara. Dándole a la religión el título irrevocable de nodriza.

Aprendamos a ser humanos,
asumiendo la fragilidad y el dolor.